La primera travesía de Cycling Costa Daurada

Así nació Cycling Costa Daurada… 

Acabo de dejar atrás la población de Montblanc, una de las más bellas villas medievales de Catalunya, situada en el interior de la Costa Daurada. Estoy en plena Ruta del Císter, la que une los monasterios cistercienses de Santes Creus, Poblet y Vallbona de les Monges, un camino rico en patrimonio y cultura, naturaleza y gastronomía. Cruzo otro no menos bonito pueblo, l’Espluga de Francolí, la latina spelunca (cueva), llena de cavidades y grutas por donde se abre camino el río que pone apellido al municipio. Me voy adentrando en el parque natural del Valle del Monasterio de Poblet, toda una joya forestal cuya atmósfera y belleza ayudan al recogimiento a todo aquel que se acerque hasta aquí en búsqueda de paz y tranquilidad.

Inicio la suave y revirada ascensión a la collada de Prades, rodeado de generosos bosques que me dejarán a 1060 m de altura. Pero no os quiero engañar, no voy en bici, voy en coche. Ya me hubiera gustado dejar mi ratonera mecánica en Montblanc, para haber disfrutado de todo el recorrido sintiendo el aire fresco en mi cara, del sol, la montaña y de los pinos, las encinas y los robles. Pero no, tenía algo de prisa, porque había quedado a las 10 de la mañana en el precioso camping de Prades con los amigos de Cycling Costa Daurada, una nueva empresa que ha nacido aquí en Catalunya, para goce del cicloturista, «que descubrirá el territorio con una oferta amplia de rutas ciclistas, adaptadas a cada uno para que viva momentos llenos de emoción en un entorno privilegiado: la Costa Dorada».

Cruzo Prades, señorial, bella, dejando a mi derecha su iglesia parroquial junto a uno de los pórticos de entrada al pueblo, con una antigua y gran cruz como testigo.  En un giro a la derecha encuentro el desvío al camping, ubicado en el corazón de las Montañas de Prades, a tan sólo 35 km de la Costa Daurada, rodeado de un espléndido entorno natural, para descansar o practicar deporte de montaña, o ciclismo, como en nuestro caso, dada su privilegiada situación, encrucijada de carreteras con encanto y con escaso tráfico. Un paraíso para el cicloturismo.

Después de aparcar el coche, enseguida me recibe Mireia, responsable del buen funcionamiento del Camping Prades Park, que sale rápida a mi encuentro para atenderme con mucha amabilidad. Hasta me da dos besos como carta de presentación. Una mujer muy agradable y simpática. Con la pinta que yo llevaba, todo vestido de romano y con mi bici de la mano, no hizo falta que le diera muchas explicaciones a dónde iba y qué quería hacer:

-Te esperan dentro del bar. Están tomando un café –Me comenta.

 

En efecto, allí estaban varios ciclistas alrededor de un portátil. Me da la bienvenida Jaume Rué, director gerente de este ilusionante proyecto y con toda una vida dedicada al deporte. Hoy nos hará de técnico y de guía. Me presenta a su equipo: a Aitor Alejandre, el coordinador deportivo y de diseño de rutas. Otro «máquina» que nos hará de guía. La que me espera… También conozco a David Gironés, licenciado en publicidad y relaciones públicas, que nos acompañará junto a Jack Jarvis, conductor del vehículo de apoyo, para inmortalizar la salida con sus fotografías y vídeos. Un equipo de lujo. Y me llevo una gran sorpresa al coincidir, en aquella reunión, con nada menos que Bernat López de la Editorial Cultura Ciclista, y con a Ian Cleverly, subdirector londinense de la prestigiosa revista inglesa Rouler. Todo un placer el haberlos conocido y compartido kilómetros con ellos.

Lo primero que me ofrece Jaume es la bolsa de regalos que recibirán todos los que vengan a participar en los stages: maillot y bidón de Cycling Costa Daurada, hojas de ruta detalladas con las excursiones programadas y papel de inscripción para conocer todos los datos de los ciclistas, incluida sus alturas y medidas para ponerles a punto, si lo desean, las bicis que pone  a disposición la empresa, nada menos que la Trek Madone, que es la que utilizará el amigo Ian. El resto llevábamos nuestras propias bicis.

Como he llegado a tiempo, no me pierdo la presentación multimedia de Jaume, «ofreciendo una variedad de rutas cicloturistas por diferentes territorios de la Costa Daurada, de diferentes dificultades, y destinado a aquellos que deseen más emociones y mayor actividad para sus vacaciones». La proyección acaba con un «Enjoy Cycling!» que hace las delicias de todos los que estamos allí presentes y que nos arranca con aplausos.

Episodio Piloto: de vuelta al Priorat

Después de la presentación, todos a sus bicis, con ganas de disfrutar de una de las rutas estrella de la organización: un duro recorrido de 100 km por el Priorat, en el que tendremos que salvar casi 1900 m de desnivel. El día acompañaba, fantástico, con sol radiante y buena temperatura para rodar por carreteras en perfecto estado, pero sobre todo con tráfico prácticamente inexistente. Y es que yo ya he estado muchas veces pedaleando con amigos por esta preciosa comarca, y nunca he repetido recorrido. Son tantas las posibilidades que nos ofrecen estas carreteras, tantas opciones y tantos bucles, que es imposible aburrirse recorriendo estas rutas jalonadas con bellas panorámicas de la Serra del Montsant y del Priorat.

Después de hacernos la «foto de familia» a la entrada del camping, salimos de Prades, «la Vila Vermella» (por el color de sus edificios), y enfilamos nuestros manillares hacia Ulldemolins. Toda la primera parte de la excursión es en terreno descendente, aunque con suaves y continuos sube y baja, típicos de esta zona, con solo una primera dificultad en la ascensión a  Crestes de la Llena, a muy buen ritmo, y donde veo que me costará seguir a mis compañeros, que para ellos es prácticamente de paseo. Y es que… ay, ay, que este invierno no he entrenado lo suficiente y se nota. Aún y así me defiendo a rebufo de Jaume, que es el que lucha contra el viento que se acaba de levantar. Yo iba confiado pensando que el inglés no estaría demasiado entrenado, todo él tan blanquito, pero vaya si lo estaba, subía silbando, pero mostrando un sorprendido pedaleo al comprobar los Pirineos nevados al fondo y la espectacularidad de los paisajes. Detrás, vigilante, quedaba Aitor.

Pasamos por pueblos ya conocidos por mí como Margalef o Cabacés, en el km 50, donde paramos a efectuar el primer avituallamiento. La furgoneta se había adelantado un kilómetro antes y, para cuando llegamos, David y Jack ya nos tienen preparada la mesa con toda clase de frutas, geles, bocadillos, barritas y agua y refrescos en abundancia. Una bandera clavada con el logo de Cycling Costa Daurada ya nos muestra, a lo lejos, el lugar exacto donde han parado a preparar uno de los tres refrigerios que nos ofrecerán durante la marcha. Recuperamos y comemos para coger fuerzas, porque nos queda la segunda parte donde se concentra toda la dureza de la ruta: queda mucho por subir, con tramos de gran exigencia. En un momento dado, todos nos quedamos sorprendidos. Ian, el inglés, saca un cigarro y se lo fuma, con toda la calma del mundo. Increíble. Nos miramos con cara de circunstancias, pero es lo que hay, no es un gran ejemplo pero si no le afecta y encima va como un tiro…

Continuamos pedaleando por la carretera que poco a poco se irá endureciendo casi sin darnos cuenta dirección a les Vilelles, para mí, los pueblos más bonitos de la comarca: la Vilella Alta y la Vilella Baixa (La Nueva York del Priorat), hasta llegar a la pintoresca Cartuja de Scala Dei, una escalera que nos llevará al cielo de la Serra del Montsant, al pueblo de la Morera, a 743 m de altura, el más alto del Priorat, y lo haremos escalando por una asfaltada pista rural que, en sus escasos 4 km de ascensión, se agarra muchísimo, con rampas entre el 11% y el 16%. Aquí, como ya me la conozco, dejo hacer a mis amigos y me lo tomo con calma. Es una cuesta muy empinada, aunque por suerte con algún descansillo. Enseguida encaro la última dificultad, ya con preciosas vistas del pueblo agarrado a las bellas paredes del Montsant, y veo la bandera plantada de los chicos de Cycling: terreno conquistado, nuevo avituallamiento y para abajo, en suave descenso hacia Cornudella de Montsant, por la que pasaremos rápido para girar a nuestra derecha: una breve bajadita nos dejará a las puertas de una nueva dura ascensión al precioso pueblo de Siurana.

Afrontamos una primera rampa al 14%, a la que seguirá un pequeño descanso para encarar definitivamente la subida: tres exigentes kilómetros con numerosas cuestas al 14% y una máxima del 17. También conocía esta magnífica subida, pero aquí ya no guardé nada y seguía de cerca al inglés (a Jaume y Aitor ya ni los vi) que parecía que de un momento a otro iba a pagar sus exhibiciones y su desconocimiento de la ascensión. Pero no iba a ser así, se defendió como un león y ayudado por el último suave, casi llano, kilómetro y medio hasta llegar a Siurana, ya no le pude dar alcance. Arriba, nueva plantada de bandera, comemos algo y el amigo inglés… sí, se vuelve a fumar otro cigarrillo… ahí, con los pulmones bien abiertos y con una sonrisa de oreja a oreja mientras bromeaba con nosotros repitiendo una y otra vez: «hard climb».

Continuará…

La excursión tocaba a su fin con el descenso de Siurana y la suave ascensión al Alto de Albarca. De vuelta al camping de Prades, degustamos unas merecidas cervezas y charlamos un buen rato de proyectos e ilusiones. Esto solo había sido el capítulo piloto de todo un culebrón de episodios en forma de rutas y excursiones: quedaban muchas por descubrir, como la de la antigua base militar de «Los Castillejos», la Serra de la Mussara, Porrera y sus bodegas, Castell de Riudabella, Monasterio de Poblet, Llaberia y Colldejou, o trasladando el “campamento” a Cambrils Park Resort o al hotel Termes de Montbrió, en recorridos junto a las playas de Salou y de la propia Cambrils. Pero esto ya os lo dejamos para vosotros, para que vengáis y las disfrutéis a lomos de vuestras bicis. Nosotros ya nos las conocemos y solo os podemos decir que son muy recomendables.

Tocaban las despedidas y agradecimientos, no sin antes dirigirme al inglés con un «you are very strong», contestándome con una amplia carcajada «not, not» y por supuesto, saludando con un «hasta pronto» a Mireia, cómo no, con un par de besos por su simpatía y gratitud. «Enjoy Cycling!»
Por Jordi Escrihuela 

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