El primer récord de la hora de Miguel Indurain

Indurain Tour de 1992

Debo confesar que estoy contento: Esta vez no me ha pillado” dijo Claudio Chiapucci tras no ser doblado por Miguel Indurain.

El Tour de Francia de 1992, el de hace 25 años y segundo de Miguel Indurain, tuvo grandes momentos, icónicos algunos de lo que fue el ciclo de dominio navarro en la mejor carrera. Cuando hablamos de ese Tour, lo hacemos de la salida de Donosti, de las etapas del norte, de la contrarreloj de Luxemburgo, nunca hemos visto nada igual, de la maratón hacia Sestriere, y la irrepetible gesta de Claudio Chiapucci….

Un Tour cargado de emociones, un Tour que rompió en los Juegos Olímpicos de Barcelona, que tuvieron un previo, un entremés histórico pero ciertamente “opacado” por el tiempo.

Fue la crono entre Tours y Blois, dos enclaves hoy famosos por estar en la ruta del Loira, ahora que todo el mundo sale a conocer mundo. Dos enclaves que pasaron a la geografía de Miguel Indurain como Bergerac, Luxemburgo, Lieja, La Plagne, Hautacam o Lac de Madine.

La prueba era una bestialidad, 64 kilómetros de mano a mano entre los supervivientes de un Tour que pisó varios países por los progresos acaecidos en la Unión Europea. Tras una semana salpimentada por alguna tormenta y muros del Macizo Central, la obsesión en Banesto era atar lo mejor posible un amarillo que en realidad estaba más que adjudicado.

Prudente, José Miguel Echávarrari fijó los cronos sobre Claudio Chiapucci. Dos o tres referencias fueron suficientes. Cuando vio que la cosa estaba atada, con el diablo más allá de los cuarenta segundos, dio vía libre al potencial de su pupilo. La igualdad entre Indurain y Bugno, que se movían entre el segundo y los tres, se esfumó.

Miguel abrió gas y sacó cuarenta segundos al campeón del mundo en los últimos 19 kilómetros. Espectacular. El navarro ponía la guinda a su segundo Tour y a su primer doblete incluyendo rondas francesa e italiana. Un premio redondo, una secuela a la gran aventura del 92 y una previa a la inauguración a los Juegos Olímpicos de Barcelona, que recuerdo quiso tener al astro navarro entre sus asistentes.

Sin embargo aquel día hubo otro efecto. Indurain marcó aquel día 1 hr 13 minutos y 21 segundos rodando a 52,349 kilómetros a la hora, eso es decir, un kilómetro más rápido que Francesco Moser, ocho años antes en la altitud de México DC, uno de esos logros singulares, que posiblemente pocos valorasen en ese momento, pero que dio la talla del atleta que fue el navarro.

Imagen tomada de MerkaBici

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